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Finales Inesperados

Peso muerto

Piensa, solo piensa… 

Soy la numero uno, la mejor del mundo, no hay quien se iguale a mí, solo yo puedo escalar y sobrevivir a esta sierra. 

Así que solo piensa, piensa… 

La cara de mi madre lo dijo todo, era miedo, pero también escondía debajo de esas arrugas un poco de odio y envidia, yo la veía desde arriba, a mis cuatro años edad, ahí estaba colgando de la lampara de la cocina como un vil chango, pensé que se volvería loca al verme ahí trepada, no podía imaginarse como lo había logrado sin haberme echo un rasguño; no fue mi intención causarle algo ese día, era mi instinto. Ese sentimiento que afloro ese día, ese sentimiento de poder y libertad al mismo tiempo, y yo solo veía a mi madre y hermano gritarme desde abajo, que la verdad era una perspectiva muy divertida, ahí nadie podía alcanzarme, excepto papá.  

Cuando papá logro convencerme en bajar, y disculparme con ellos por mi travesura, él se dio cuenta en esos momentos que yo no sería como los otros niños del vecindario ni mucho menos como mi hermano mayor, al contrario, él sabía que me convertiría en el dolor de cabeza de mamá y que sería el blanco perfecto para que ella desahogara sus penas conmigo, algo que obligo a papá a separarse de ella un tiempo después, pero también supo que no tardaría en ser algo más que la hermana menor que trepaba paredes y tenía razón, a partir de ese día comencé a sobresalir en casi todo. 

Por supuesto papá tuvo razón, al poco tiempo mi madre me usaba de excusa para sacar sus frustraciones, esas que venía arrastrando por culpa de un padre abusador y que ahora lo replicaba en mí, así que durante toda mi niñez solo fui la carga de la familia, la culpable del porque mi padre nos abandonó y del porque mi hermano “el perfecto” se convirtió en lo que ahora es: un Don nadie.   

Pero a diferencia de mamá para papa yo era su orgullo, lo que siempre deseo al momento de tener a un hijo, cuando entro y me vio colgada lo supo enseguida, tendría lo que no obtuvo de su primer hijo, un hijo que solo sabia pedir y mandar, gritar y lloriquear, pero yo, era independiente, segura, no me daba miedo nada, buena en los deportes, papa era mi ídolo, pero había una cuestión, todo ese apoyo mi refugio mi salvación se fue cuando yo cumplí 10 años, y aunque pedí irme a vivir con él, la juez comento que mi madre ganaba la custodia de sus hijos y que al parecer mi padre no era apto para cuidarme, ya que no tenía un trabajo estable ni una casa segura. Además, mi madre comento al juez que yo era una amenaza, que era la única que podía controlarme, que en cualquier momento podría provocar un accidente o algo peor. 

Mi escape siempre fue la escuela y los deportes, veía a papá cada vez menos, y en casa las cosas iban cada vez peor. Para ella yo no era normal, como una chica iba a estar enseñando los calzones por estame subiendo a los árboles, y que talvez solo sabia montarme en los niños y que en cualquier momento saldría embarazada. Para ella lo normal era ser como ella, desdichosa, frustrada y amargada o como mi hermano, una ratita de casa, ser un antisocial, y ser feliz solo comiendo y estando frente a una pantalla jugando videojuegos y claro dependiente de mi madre. 

Mi hermano era el preferido de mamá, aunque el solo se la pasaba manipulándola, gritándole y maltratándola, es como un ciclo, que parece mamá quería replicar en su hijo, primero su padre y ahora ella estaba convirtiendo a su hijo en ese mismo reflejo. Mi hermano siempre me trato como si no existiese al inicio, en la escuela él se volvió mi Bullying y en casa solo era bueno acusándome de cosas que inventaba, solo para verme llorar o que mamá me golpeara con el cinturón, no sé, es como si tuviera un trastorno, que lo hace disfrutar de la violencia dirigida a otros. 

Pero en el fondo sabía que el me temía, y por supuesto me envidiaba y hasta la fecha así es, claro desde pequeña logre lo que el no pudo, ser mejor y en todo. En la escuela yo era la que sobresalía, él ni existía en la escuela, nadie le hablaba y nadie lo quería, a diferencia de mí, yo era popular, los maestros me adoraban. Sobresalí en los deportes, tanto que hasta me becaron y gracias a ellos descubrí que era buena en escalada.  

Cuando me becaron llamaron a madre, para darles las buenas noticias “Su hija es un prodigio en los deportes, debe estar usted muy orgullosa, que pena que no tenga más hijos”, mamá se puso como loca histérica y no por lo que habían dicho, no de mí, si no de su hijito. Al final no tuvo opción que fingir que me apoyaba, pero en el fondo me odiaba. 

Conforme fuimos creciendo me alejé de casa lo más que pude, viajaba tanto por los torneos que eran mis momentos favoritos del año, entre menos pasaba tiempo en casa, era yo más feliz. Comencé a ganar muchos campeonatos, hasta coronarme como la mejor. A papá lo veía con menos frecuencia, pero era con quien más hablaba de mi familia, era mi respaldo. También muchas veces madre me pidió que llevase a mi hermano conmigo, para vigilarme y para saber que no iba hombre conmigo o durmieran conmigo y también para aprovecharse de mis viáticos y así mi hermano tuviera la oportunidad de conocer el mundo, a mis expensas. 

Era de lo peor viajar con él, realmente nunca logramos llevarnos bien, él también me odiaba, pero más, comprendía el odio de mi madre y hasta la compadecía, pero a él, el que lo ha tenido todo y sin mover un dedo. Es un mediocre eso es lo que es, es tan patético, tan sanguijuela, que cuando va conmigo solo se encierra en el hotel y no sale, se la pasa pegado en la televisión jugando sus videojuegos, tragando y cogiendo con las mucamas, y exigiéndome dinero y tratándome de lo peor. Hasta ha llegado a amenazarme que, si digo la verdad a madre de lo que hace en los viajes, me ira muy mal.  

Mi madre estaba orgullosa de él, que aparte de no hacer nada ahora conocía el mundo y no gracias a mí por supuesto. Era mi obligación ayudarlo, porque como yo tuve todo, era mi hora de regresarle ese apoyo que el me ofreció desde niños. ¿Qué me ofreció?, pero si nunca hizo nada por mí, solo quejarse de mí y de su vida, inventar cosas de mi para que mamá me pegara, en la escuela ser mi bullying y a la fecha ser solo una carga. 

Hace poco me aleje de todos, ya que papa falleció, por acusas que a la fecha no se sabe y después de esto mamá también enfermó repentinamente y hace menos de un año falleció. Intente hacer las paces con mi hermano, pero él se negó rotundamente. Creyó que pelearía por el dinero de la herencia que no era mucho, o por lo del seguro de ambos. Así que decidí alejarme, antes que pasara algo peor entre nosotros. 

Han pasado unos meses después del fallecimiento de los dos, y recibí un mensaje algo perturbador… 

Así que convencí a mi hermano de que me acompañara por una última vez a un viaje, le prometí que no volvería a verme, que era tiempo de sanar y aclarar las cosas. Claro le prometí dar dinero a cambio de esto. Y aquí estamos los dos, en mi sierra favorita, que es uno de los más altos del mundo, los dos estamos colgando de la pendiente, y mi hermano suplicándome que lo suba… 

Piensa, solo piensa… 

Soy la numero uno, la mejor del mundo, no hay quien se iguale a mí, soy la única que puede escalar de esta forma. 

Así que solo piensa, piensa como hacerlo para que esto parezca un accidente… 

Soy al número uno… 

Respira, solo respira… 

-Po tu culpa murieron nuestros padres, todo por el dichoso dinero que ya nadie estaba a dispuesto a darte, ni mamá, ella te mando a trabajar, pero como su hijito haría eso y claro sabias que papá nunca te apoyaría como a mí, lo único seguro era lo que podrías obtener con sus muertes. Pero no te preocupes, prometí que no volverías a verme y pienso cumplirlo. Además, a partir de este instante ya no tendrás que preocuparte por trabajar…- 

Piensa, solo piensa… 

Di que soy la mejor del mundo… 

 

 

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