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Finales Inesperados

Tres

Los cuervos lo habían anunciado, no como en el cuento de Poe, esto era peor. Solo me quedaban tres días, y lo único que hacía era permanecer inmóvil, jugando a la ruleta: me tocara, no me tocara, me tocara…

He salido de prisión, estuve tres años, no fue por nada escandaloso, solo asalté tres joyerías, el trío más famosas y lujosas de la ciudad. En tres días lo hice, y no me llevo ni tres minutos en vaciarlas. Fueron tres meses de planificación. Tomar el tiempo, observar quien entraba, cuanto tardaban en salir, qué operaciones hacían. Que era mejor, tarde o mañana. A cuantos tendría que amenazar. Cuál era la mejor zona para entrar y salir; decidir si usar tres autos y cuantas pelucas. Qué tipo de ropa, el estilo de zapatos, las armas a emplear. Hacer terna o no.

Tres segundos le llevó a la policía atraparme, un tercio de milésima de segundo les llevo traicionarme, tres millones de dólares en los autos, tres cambios de vestuario; y tres cuervos anunciándolos.

Después de asaltar los lugares, escaparíamos al triángulo de las Bermudas, aunque no sé si ese lugar en realidad exista, pero ahí íbamos a parar con los tres millones. Sin embargo, esos animales emplumados lo sabían, iba a caer al tercer día, al tercer robo, al tercer millón; un tercio de milésima de segundo…

Nunca fui supersticioso, mi número de la suerte siempre fue el tres, nunca había fallado. Para que lo entiendan, nací en el minuto tres del tercer día de marzo, fui el tercero de unos cuatrillizos, era siempre el tercero en todo. Fui bulleado por triplicado, así que pare tres veces al hospital. Mi suerte se triplicó. Pesé tres kilos exactos al nacer, así que, fui un dolor para mi querida madre. Y tres minutos bastaron para que mi padre me viera y tres minutos le tomó dejarnos esa tarde del tres de marzo.

Me casé tres veces, tuve tres hijos, mate tres perros y obtuve tres madrizas; gocé de tres orgasmos verdaderos; rompí un espejo en tres partes que use para ahuyentar a ese tercio de cuervos; y solo tenía tres oportunidades para lograr por fin ser el primero.

Antes de los atracos, los cuervos sobrevolaron cerca de mi cornisa, ellos lo sabían, eran más sabios que yo. Una terna era lo que aconsejaban, y parloteaban, siempre a la misma hora sus graznidos aparecían, con sus ojos penetrantes, tres veces lo decían.

Tres días fuera de prisión he cumplido, y los cuervos parados están, sobre la cornisa cantando van, sacudiendo sus cabezas al unísono de los tres segundos. Ahuyentarlos estoy, y aunque han de callarme, asustado ya no estoy. Mis tres millones están a tres mil millas de aquí.

Faltan tres días más para ese gran final. Y aunque nuevamente lo han cantado, jugando a la ruleta estoy. Destino o no, anunciado o no, cantado o no, estos tres pajarracos asustados van. Y si me han de callar esa tarde del tres de marzo, el destino confundido estará, ya que a un tercero no encontrará, porque a un tercio si se llevará.

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