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Diario de una Ansiolitica

Quítense que ahí voy…

¡Despejen la pista que estoy aterrizando!

Y como se que no aterrizare como se debe mejor corran, no vaya a pasar que caiga como Poh de Kung Fu Panda, “sin control y de panza”, es que vengo tan descontrolada que ni la mejor torre de control lograra que realice el aterrizaje perfecto; es que mis emociones andan por los cielos. Estoy muy feliz por estos días que acabo de vivir y por supuesto de haber llegado a la “crisis de los cuarenta”, perdón al cuarto piso. Así que vengo cargada hasta los dientes y lo digo literalmente porque me he dado unas comilonas, que los kilitos de más vienen como carga adicional en este gran viaje.

Han sido dos fines de semana de disfrute y de excesos de locura, que a mí a punto de vista en la escala de locuras de Tori fue lo normal. Aunque eso sí, pobre de mi familia y de la gente que nos atendió en restaurantes y negocios, muchos pedían esquina, es que con tantas ocurrencias que tuve ya no sabían ni donde esconderse. Pero que podía hacer, eran mis festejos y tenía que hacerlo como se debía, en grande y maravilloso. La ventaja fue que la mayor parte de las celebraciones salieron casi perfectas, sin embargo, mi panza comienza a sufrir los estragos de estos festejos (creo que correré al hospital, ups que raro).

Lo malo de estas celebraciones es que acarrean algunas cosas que me disgustan y siempre lo harán: hacer más ejercicio para bajar todo lo tragado, el suspender por un rato el alcohol (es que si les contara) y por supuesto el comenzar con mis desfiles de ida y vuelta a consultorios médicos, porque como ya comenté mi cuerpo, en especial mi estómago, comienza a pedir auxilio. Pero no me arrepiento de nada, lo volvería hacer y hasta si es posible lo haría más grande. Eso sí, por lo menos está vez mis momentos de vergüenza quedaron en familia, ya que en esta ocasión los amigos y conocidos quedaron exentos de mis bochornos. Y me alegro haberlo hecho así, y no es porque no quiera a la demás gente, pero a veces lo pequeño e íntimo es necesario. Además, siempre he pensado que hay más tiempo que vida, así que las reuniones con amigos y demás siempre tendrán su momento. Aunque insisto, está vez si me alegra haberlo hecho así, porque como les decía no todo salió a la perfección:

Comienzo con San Valentín, no puedo quejarme, fue épico y estrafalario, tanto que mi esposo termino pidiendo esquina (no aguanta nada), así como la ropa de cuero que me compre, estaba tan entallada que cuando me la quite, podría jurar que hizo un sonido como de “¡Uf gracias!”. Creo que estuvo tan genial esas noches que los libros de cincuenta sombras se pusieron a temblar (creo que fue demasiada información, borren esos de sus cabecitas). La verdad es que me divertí como nunca, y no creo que haya sido solo el sexo, si no el haberme dado el permiso de disfrutar la vida con la persona que más amo.

Bueno, llegamos a la fiesta mayor, Mi cumpleaños, y solo usare dos palabras para describirlo: mágico y loquísimo. Todo ese fin fue mi fin, no hice absolutamente nada, solo hice lo que mejor se hacer volver locos a todo el mundo. Desde temprano mi familia me sorprendió con mis regalos, y debo recalcar que fueron hermosos y fantásticos, aunque uno sobresalió, eran unos guantes de color verde que forman la figura de uno de mis personajes favoritos (está vez no fue Hulk) Baby yoda o mejor conocido como Grogu, es un personaje de la serie de El Mandalorian de Star Wars, son locos y divertidos así como mi personalidad y aunque se supone que a mi edad ya no debería usar ese tipo de accesorios (bueno, según lo dicta la sociedad), los ame con toda mi alma, es que son tan genuinos y estrafalarios, que definitivamente realzaran la persona que soy, hasta he pensado en combinarlos con mis flotadores de Bob Esponja, lo malo es que no sirven para nadar.

Después nos fuimos a desayunar a un lugar extremadamente lindo, me consintieron como nunca en el lugar y disfrute la comida como siempre; eso si no faltaron las dichosas mimosas, que la verdad no soy muy fan de ellas, lo malo es que comenzaron a hacer de la suyas desde temprano, así que me puse alegre desde la mañana. De ahí salimos a pasear para intentar bajar el desayuno, porque saben que aquí en Chicago y en todo los Estados Unidos, a lo que se refiere a comida le sirven a uno como si fuera a comer de ahí tres o cuatro personas. Como estábamos demasiado llenos ya no comimos y simplemente nos esperamos hasta la cena, lo malo es que mi hija no pudo acompañarnos porque mi esposo hizo reservación solo para los dos.

El lugar de la cena ha sido uno de los lugares más románticos que he visitado aquí en la ciudad, la luz adoc, música en vivo y el menú que ofrecían estuvieron de wow. Cuando llegamos al lugar obviamente yo ya iba mas alegre; nos sentaron uno frente al otro, así que el poder hablarnos se complico un poco porque no lo escuchaba al cien y esto mismo nos paso con el mesero que nos atendió. Era tan mala la comunicación, que cada uno terminó entendiendo lo que quiso; el error fue que terminamos diciendo que si a todo lo que el mesero nos ofrecía. Así que terminamos cenando doble, tomando agua gasificada de no sé qué marca y obviamente nos trajeron la más cara del lugar y lo peor fue que nos trajeron como cuatro botellas de vino para acompañar la cena.

El final ya se lo imaginaran, terminamos casi vomitando de tanta comida y alcoholizados hasta los calzones. Salimos del lugar como pudimos, el aire que había hizo que la ebriedad se nos subiera al mil, y en vez de tomar un Uber o taxi decidimos irnos caminando y tomar el autobús. Parecíamos dos adolescentes en la calle, riéndonos como bobos y gritando como locos. No me pregunten como llegamos a casa porque a la fecha no lo sé. Lo malo de esto es que mi pastel de cumpleaños se tuvo que suspender, pero la verdad fue la mejor decisión, no quiero pensar que hubiese pasado si hubiese intentado encender las velas en la condición en la que me encontraba.

Lo único que puedo decir es que lo pase en grande y se ha visto reflejado esta alegría en estos días, tanto que hasta mi computadora ha puesto de su parte, ya no se apaga, me deja escribir, puedo subir tranquilamente a mi página mis escritos, y las ideas para el siguiente libro están a flor de piel. Espero que esto dure, claro sé que mi estrés estará aquí, y tendré que volver a mi rutina muy pronto, pero lo vivido estos días, han hecho que cada día valga más la pena seguir jodiendo al mundo.

Y pues hablando del mundo, me cuesta mucho creer que estamos a punto de entrar nuevamente en guerra, mi corazón de pollo esta acongojado, mi cabeza comienza a imaginar escenas catastróficas y el miedo comienza a rondar por aquí; ya con nuestras propias peleas tenemos, como para ahora sumarles está locura que está comenzando. Solo espero que esto no se escale más, y el mundo reaccione a tiempo, porque la verdad los que terminan pagando los platos rotos es la gente que “ni la debe ni la teme”.

Mientras tanto yo seguiré escribiendo, intentando darles momentos de risas y ocurrencias, mi meta es hacerles olvidar por algunos instantes los horrores que a veces la vida nos presenta. Y prefiero que se mueran de risa con mis escritos, que mueran de otra manera. En tanto aprovechare lo que queda del invierno para salir y presumir los mejores guantes que pueden existir en el mundo y porque no talvez hasta salga con mis flotadores a la nieve de nuestro gran Chicago.

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