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Diario de una Ansiolitica

Silencio…

Parece que el invierno comienza a ceder y yo ya ando como “burro sin mecate”.  

La verdad es que ya no sé dónde meterme, porque el gusanito que traigo dentro ya no me deja estar quieta y aunque amo la nieve y por supuesto el frío, ya urge que llegue el calorcito. Mi cuerpo ya siente el calor y no creo que sea principios de la menopausia (eso espero), porque hasta mi mente lo está pidiendo a gritos; es que el frío ya lo tengo metido hasta en los calzones. Necesito salir y despejarme, porque con el clima actual nada se despeja al salir al caminar, más bien todo se congela, ¿Será entonces por el frío que la grasa sigue pegada a mi cuerpo? Es que con este clima no hay manera de que uno pueda quemar grasa, o a menos que con una rica tacita de chocolate caliente haga que se derrita… no tengo perdón de Dios…  

Aparte, sé que no quiero hacerlo y no quiero aceptarlo, pero necesito salir a caminar para bajar estas llantitas navideñas de las que tanto presumo, esas lonjitas que vengo cargando desde la primavera pasada. Así como también necesito observar ya a esos hermosos y musculosos musos que está ciudad me ofrece, esos hombres que ayudan a encontrar mi inspiración para mis escritos. Es que hay que ser sinceros, todos nos vemos tan monocromáticos en invierno, que ya no sé quién es chica, chico, mayor, joven, ya hasta no sé quién soy yo… La verdad es que ya hace falta ver algo de color en la ciudad ya no solo el blanco y negro, y definitivamente hace falta ver piel mucha piel. Y ya que hablo de piel, hasta mi cuerpo le urge tomar un poco de solecito, porque su estado actual es tal, que parece sacado de una película de vampiros, lo malo es que esté no brilla a la luz del sol como lo hacen los personajes de la saga Crepúsculo.  

Es aquí donde me cuestiono, como canijo le hace esa gente que vive en esos lugares donde todo el día está nublado, lluvioso o donde más de la mitad del año es invierno (o sea como en Chicago, ups), o en ese lugar recóndito de Alaska donde por sesenta y siete días no ven la luz del sol, «las veinticuatro horas del día son noche». O sea, está gente camina y vive por inercia, sabrán sonreír; es que me imagino viviendo en esos sitios y la verdad es que hasta se me enchina la piel y ya no solo por el frio que se debe sentir, sino porque me imaginó, que yo sería la persona más patética, triste, amargada y aburrida del mundo, si sueno muy exagerada, pero es lo que me imagino que me pasaría a mí, pero creo que esa gente de estos países, han de ser unos loquillos, personas preparadas para cualquier cosa y felices por sus vidas un poco grises pero llenos de miles de arcoíris.  

Además, a estas alturas del año ya estamos preparándonos la mayoría de nosotras, en sacar nuestras mejores podadoras y salir de esa hibernación corporal y presumir de nuestras hermosas pieles, y también quitarnos un poco de peso, porque al menos en mi caso, cuando entro en el reto de podarme, podría jurar que corto tanto que podría hacer mi doble con todo el pelaje recortado (borren esa imagen de sus mentes), y lo crean o no, sí que bajo unos cuantos gramos… Pero la verdad es que extraño ponerme mis lindos vestidos, vestidos que no puedo lucir en invierno, y aparte me hace y me llena de ilusión ver el inició del florecimiento de los árboles y ver como poco a poco la ciudad se torna verde (y no solo me refiero al lago si no la ciudad entera).  

Y, asimismo, ya está a punto de comenzar esas fechas donde vienen los mejores conciertos al aire libre, esas ricas salidas a los restaurantes, todos esos eventos en los parques, museos, etc., las caminatas por el lago, los deportes de verano que tanto amo. Es que aquí en Chicago el verano es de ensueño. Además, a quien no se le sube esos ánimos y el buen humor con la llegada de la primavera. Y como la pandemia está cediendo, pues abra más oportunidades de disfrutar la vida con mayor libertad, claro en casa seguimos cuidándonos y lo seguiremos haciendo. Encima, mi creatividad está en su mayor apogeo, tanto así que, ya comencé con bocetos, borradores, etc. para mi siguiente libro y por consecuencia mi editorial está más que feliz, aunque mi chico tecnológico no lo está tanto, porque sabe que viene esa época de mis gritos, reclamos, locuras y miles de cuestionamientos repetitivos (que alguien lo ayudé). También la calentura de estos días está a flor de piel, y aunque no soy burro como dije al inicio, mi esposo sigue sin encontrar tregua de mi parte (creo que lo dejare como momia de Guanajuato).  

Ya sé, todo parece ir super lindo y la mayor parte de mi día es así, pero si soy sincera con ustedes, en estos instantes estoy peleándome internamente, porque como persona y mujer de corazón de pollo, los sentimientos de «angustia y tristeza» están invadiendo mi cuerpo, alma y mente, esas sensaciones que vienen ahogar mi buen ánimo, y aunque sé que son necesarios estas emociones, ya saben para tener un mayor equilibrio en nuestros día a día (ya lo vimos muy bien reflejados en la película de Intensamente), realmente no me gusta que estén tan a flor de piel. Y a como soy yo, pues me pongo más dramática de lo normal, un poco más explosiva y por supuesto más chillona, estoy en ese punto donde me escucharan lamentarme como la “Llorona”; ya me imagino paseándome por la noche por los caminos cercanos del lago.  

Es que, hablando seriamente, la situación actual del mundo asusta bastante, y ya no solo hablo de la pandemia que aún sigue presente, si no de la actual guerra que se está llevando a cabo en Ucrania y Rusia y que, si el mundo no es precavido, esto puedo convertirse en una «Tercera Guerra Mundial», y yo no estoy lista para eso, y creo que nadie lo está y estará; jamás me sentiré preparada para enfrentarme a una guerra tonta, con motivos absurdos como toda pelea, y mucho menos estaré preparada para tomar un arma en mis manos. Mis manos solo son capaces de agarrar lápices, libros, cuadernos, colores, botellas de cerveza, las manos de mi familia, de comida, etc. Solo estoy lista para enfrentar mis propias peleas internas y, aun así, esas me dan miedo. Estoy lista para esas guerras de almohadazos, o disculpen, para esas guerras ricas en la cama.   

Y si a esto le sumamos que la gente ha perdido cada día más la cabeza, y que se golpea, violenta o mata solo por el hecho de que se les pego la gana, o por un simple partido de futbol, pues como no perder la cordura al momento; y por más que busco esa noticia que me haga sonreír o ese motivo para sentirme mejor, pues esto se está convirtiendo en el reto de buscar la aguja en el pajar. Y ya no estamos en esos tiempos donde esto de la guerra se veía como algo tan natural, estamos en el siglo XXI, y yo lo único que quiero no es buscar en la paja, es hacer una buena paja.  

Así que, como mantener la paciencia y como controlar esta cabecita ansiosa. Créanme, casi todas las noches mi cabecita loquera, piensa las mil y una catástrofe que pudiesen suscitarse por esta situación que vivimos actualmente, y ya imaginaran como me dejan. Y por más que siempre le encuentro lo bueno a todo, esta vez me está constando el doble. Y si ya sé, hay muchos motivos para seguir contenta y con ánimos de vivir está loca vida: tengo a mi familia hermosa, tengo una mente imaginativa que no me canso nunca de ella, soy una loquilla sin par, tengo aun la libertad de pensamiento y los tengo a ustedes.  

Pero algo sí se con certeza, y es que como nunca he aprendido a quedarme callada, ahora más que nunca alzare más mi voz y lo haré de la mejor manera posible, a través de mi escritura, porque lo plasmado cuando se plasma bien no se borra ni se olvida con nada, aparte, sé que a través de mis escritos lograré dibujar por instantes sonrisas en la gente y haré olvidar por momentos los atroces que se viven en nuestro presente y si es necesario escribiré los horrores e injusticias para que nada se olvide y no nos olvidemos de nadie. Seré esa persona que llevara marcada a la gente en la piel, en la mente y en el recuerdo, y que, a través de mi pluma, si es necesario hare callar al mundo con evidencias que nadie jamás olvidará. Así como también alzare mi voz dando consuelo, escuchándolos, abrazándolos y sea lo que necesiten. Y por supuesto, alzare mi voz con mis ocurrencias, locuras y dramas. Y como ya me conocen que soy tan insistente al final mi voz retumbará. 

Así que no es momento de guardar silencio, es momento de gritar, de hacernos escuchar, que el mundo tiemble de miedo, porque nosotros ya no temeremos. Es tiempo que los malos entiendan que somos más lo buenos.  

Y como dice mi esposo y familia, todos somos guerreros y también como dice Harry Potter, nosotros tenemos algo por lo que pelar: “Amor”. Y como yo amo mucho, no dejare que nada ni nadie me quite eso, oye, si esto se acabara, como haré para dar esos besos babeados que tanto ama mi esposo.  

Entonces si oyen ruido de gemidos por la noche y cerca del rio Chicago, si asústense, porque seré yo, quitándole la chamba a nuestra querida y espeluznante Llorona… Ayyyy!!! 

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