Pues con la novedad que al final la presentación de mi libro, se postergó hasta enero del próximo año, ya saben las consecuencias de la dichosa pandemia y a parte cuestión de dineros de la editorial. Según ellos tendremos más público para esa fechas y la publicidad será más grande. Y la verdad es que vengo tan feliz de mis vacaciones, y no quiero estresarme lo que resta del año, pues para mi fue una de las mejores noticias que he tenido estos últimos días.
Pero si soy sincera, mi día a día siempre son así: locos, aturdidos, estresantes, raros, divertidos, que se yo, y por más que piense que nada podrá estresarme siempre lo hay, ademas mi cabeza parece que siempre está lista para estar al día con las preocupaciones, con el que dirán, el que pasra, etc. Y pues a pesar de que se atrasó la presentación del libro, aún hay mucho que hacer antes de las vacaciones por las fiestas decembrinas.
Microrrelatos, historias nuevas, colaboraciones por aquí y por allá. Y no lo niego, amo esto, me encanta trabajar y más cuando tengo la oportunidad de crear algo desde cero. Así que a pesar de como soy, un poco ansiosa, solo un poco, estoy dispuesta a vivir así por el resto de mi vida (pobre de mi familia, que alguien los ayude).
Pues ya se acerca el fin de año, el frío y las compras de último momento, ya saben, que la cena de Acción de gracias, Navidad, Año Nuevo, y por más que quiero mantener todo bajo control, muchas cosas se me pasan, las olvido o simplemente ni las tomo en cuenta, como las calorías que no debería estarme metiendo en estos momentos.
Así que desde hace unos días comencé a hacer mis listas de preparación para las fiestas y así está vez no olvidar absolutamente nada, porque cuando menos lo pienso olvido o pierdo hasta la dignidad y aunque eso es muy común en mi, estoy tratando de que ya no ocurra tan frecuentemente.
Lo malo, es que seguimos con la restricción de las comidas, así que planear las cenas se han vuelto realmente caóticas, porque por más que busco vuelvo a recaer en las malas tentaciones, y no me refiero a ver ahora a esos chicos guapetones enchamarrados calientitos y sudorosos, si no, a esas comidas antojadizas muy típicas de estas fechas.
Que el ponche, que la botana, que los dulces, la dona con el chocolatito caliente, que no vaya a faltar para la cenas la ensalada dulce de manzana, que las invitaciones a cenar con ,los amigos, que los mercados navideños y su sidra de manzana, que el vinito, que los baguettes de queso (que de verdad amo), que hay que sentarse a ver el maraton de peliculas navideñas obvio con su refresquito, las palomitas, que la cerveza, bueno todo para engordar.
Y yo ya con kilitos de más y con la nutrióloga encima, pues estas festividades y compras, serán una locura. Y hablando de kilos, pues como verán, mucha de mi ropa de invierno no me queda. Así que he tenido que salir a comprar algunas cosas para mi. No muchas, digo pobre la cartera de mi esposo.
Así que les platico, que ya tengo casi toda las listas preparadas, los regalos están casi todos comprados y lo de la compra de lass cenas, pues ya veremos en su momento que me dice el estómago y el corazón, digo son fechas especiales así que hay que darse gustitos especiales.
Pero retomando el tema de mis compras, pues me lanze a esta plaza outlet de ropa, mi sueño hecho realidad; no sabía ni por donde empezar; que las chamarras para el frío, que los abrigos, que los zapatos, que los pants, los guantes. !O por Dios!, también había tiendas de diseñador (hubiesen visto la cara que hizo mi esposo, creo que sudó como nunca y solo veía su cartera).
Parecía niña en una dulcería, quería todo y quería probarme de todo; de verdad pobre de mi marido y de la gente que atendía, los volví locos. Que quería esto, que mejor no, que luego regresaba, que no me quedaba, esta muy pequeño, esta muy grande, que feo está, que hermoso pero que caro. Así estuve en casi toda la plaza. Que regresemos mejor a la primera tienda porque vi algo que si me gusto, que mejor a la otra que estaba por la mitad de la plaza, que si me gusta pero mejor no, bueno, mejor si lo quiero, o será mejor que regrese. Con esto me veo más gorda, te gusta, qué calificación.
Terminamos rendidos, y los dos estábamos hartos de ver tanto, de preguntar, de verme probar, de ver tanta gente. Pero lo más loco es que se me había olvidado que lo que realmente necesitaba no lo había comprado. Así que ya cansados decidimos entrar a una última tienda, y buscar por todos lados. !Por fin unos pants super cómodos!
Ente al probador como con 5 pants diferentes, y ninguno me quedo, ya que estaban demasiados grandes, así que muy amablemente (gritándole) le pedí a mi esposo que me buscara esos mismos pero en talla mas pequeña. Tardo una eternidad, pero lo consiguió. Y para no hacer más largo el cuento, después de probarme ya ni recuerdo cuantos, ya no tenía espacio en el probador para más ropa, así que decidí darle los que no me quedaron y gustaron a mi esposo para que se los entregará a la dependienta.
Al final me había quedado con 3 pants para probar y decidir con cual quedarme. Mientras lo hacía, escuché que mi esposo se acercaba nuevamente al vestidor; creía que venía a apurarme, pero a los pocos minutos me pasó por debajo de la puerta del vestidor unos pantalones que se me hacían muy familiares y me dijo – ¿Segura que estos no te quedan?- pues resulta que entre la bola de ropa que había regresado iban mis pantalones.
No me había percatado que no llevaba mis pantalones. Que pensaba hacer, salir en calzones. Pues, gracias a mi marido, me salvé de una desgracia y de perder nuevamente la vergüenza y mi poca dignidad. Ya me imaginaba saliendo del vestidor en calzoncillos, buscando por toda la tienda mis lindos pantalones o peleándome con una clienta exigiendo que se quitará mis pantalones.
Así que una vez más, algo vergonzoso paso, lo bueno de ese día es que podemos decir que no fui la causante como tal, fue algo así sin pensarlo. Pero definitivamente me doy cuenta que si no he perdido mi cabeza es porque la traigo pegada. Y definitivamente por más listas que haga no me sirven de nada, y esto de perder cualquier cosa no necesita de agendas ni de listas, la vergüenza y la dignidad se pierden por sí solas y sin ayuda.
Así que si ven a una mujer, gritando o riendo como loca en calzoncillos en una plaza o tienda departamental, no se alarmen ni nada y mucho menos llamen al loquero, soy solo yo en un día más de mi día a día.
